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Una Lucha contra el Absurdo: Alaridos tras de Mí

Escrito por Minoxidilenelcajon43 21-10-2018 en Alaridos. Comentarios (0)


Me sucede habitualmente de lunes a viernes, en el intervalo de horas que va desde las 8.15 a las 9.00 de la mañana, tal es mi rutina vital. Es una sensación extraña, por familiar y repetitiva, pero al mismo tiempo, ajena y novedosa. La sensación es la sensación.

Es como entrar en un bucle espaciotemporal donde todo se repite una y otra vez con una concreción y exactitud matemáticas, los hechos que suceden ante mi, y mis propios pensamientos. Es un agujero negro de vivencias de la cotidianidad. Con el devenir de los días, a veces llego a asustarme, porque son continuos deja vu donde yo además formo parte del paisaje, y sé qué va a pasar en cada momento, pero siento de manera paradójica que es un nuevo día, una nueva vivencia, una nueva sensación. ¿Estoy atrapado?

Tras saborear dos tazas suaves de café, mientras oigo la radio aún dormido, ducharme entre gruñidos y vestirme sin criterio estético, me temo siempre encontrarme de bruces frente a las mismas escenas.

Salgo de casa, y empieza el espectáculo rutinario: a mi izquierda aparece la vecina delgaducha paseando los dos perros; el de aspecto más fiero me ignora, y el más mierdecilla, me ladra como si yo fuera un gato, el muy hijo de puta.

No pasa nada, es como la película de la marmota, ya sé todo lo que va a ocurrir hasta las 9.00. Control, control, control. Nunca me morderá el mierdecilla.

Empiezo a rodear el garaje, y el vecino que se encarga de manera altruista del mantenimiento de los terrenos vecinales, lleva una carretilla de mano, vaya usted a saber hacia dónde, porque yo creo que vaga sin sentido; en verdad no tiene destino concreto, el hombre deambula dando vueltas al párking porque eso le hace ilusión; debe ser un albañil jubilado. Juraría que siempre lleva la misma carga en la carretilla, unos 3-4 ladrillos desgastados que debe colocar en su casa entre sus pertenencias favoritas, al lado de sus herramientas predilectas. El saludo entre nosotros es un sonido gutural de hombres rudos, ambos, al tiempo que me pregunto, pues mis pensamientos son también los mismos todos los días, inexplicablemente, a dónde coño irá tan temprano con esa carretilla.

Resoplando enfilo el acceso peatonal estrecho que conduce al contenedor; sí, voy cargado con bolsas de basura, obligación contractual que algún día firmé sin fijarme bien, pues estaba englobada en la letra pequeña. Juraría que cada día llevo la misma carga, el mismo contenido. Dejo que pase primero la motillo con otra vecina pilotándola, que me agradece el detalle enfundada en un casco grotesco, y yo le respondo con una agradable sonrisa.

Me dirijo por fin hacia la estación de metro, y me cruzo con la argentina que vuelve del gimnasio aún sudando, con lo temprano que es, con su mochila a la espalda y su delgadez a cuestas. Y esa cara que tiene de psicoanalista cutre. Me la imagino siempre exclamando aquella expresión tan de su tierra: ¡Viste! Incluso la psicoanalizo de soslayo, mientras musito shonoquieromalparaconnadie, que ella me oye cada mañana entre sus musarañas y las mías.

Me encamino a la rampa de acceso principal, y es cuando veo como me adelanta la señora rubia que camina muy rápido con sus largos tacones y sus finas piernecillas. Tranquila, señora, el tren aún no llega, no ande corriendo de esa manera, que se va a tropezar, y el tren no espera, el tren es cruel e inmisericorde incluso con los tacones rotos.

En la máquina de tíckets, se encuentra la vecina del bloque uno, tan emperifollada, con atuendos de colores imposibles, así como cierta tendencia a mostrar sus rollizas piernas. Ya no tiene usted quince años, debería ser más recatada en su vestuario así como en sus miradas. ¿Por qué compra tíckets todos los días?¿Qué pasa con el bono mensual?

Encaro apáticamente la última rampa, por fin, subiendo como si no hubiera un mañana mirando al infinito del imperturbable horizonte matutino. A escasos metros, a mi derecha, aparecen la madre que cojea sutilmente y la hija adolescente obesa, con alguna discapacidad mental, discutiendo sobre aspectos conductuales que la madre reprueba a la hija; la hija no acepta nunca las críticas y airadamente se queja, día tras día, con malas contestaciones. La madre ignora la ira filial e insiste en reconducir la conducta equivocada. Y solo es primera hora del día. ¿¡Cómo serán los diálogos en la noche de ese hogar!?

Ojo, se acerca la parejita. Ella porta siempre una maleta de viaje, donde parece que lleva material de trabajo, maleta con ruedas que él se presta a ayudar en su transporte. Para ello, una mano de él, y una de ella, coinciden, se tocan, se rozan, a través del portamaletas, suben lentamente por la rampa, mientras hablan, ríen, manteniendo el contacto entre las vertientes externas de sus quintos metacarpianos, mano izquierda ella, mano derecha él. Qué bonito es el amor tan tempranito. Qué extraordinario resulta el amor metacarpiano. Lástima que ambos tengan pareja, que están casados, vamos; a lo mejor es solo una intención de adulterio, inocente e ingenua, que unicamente se consuma a esa hora del día a través del contacto manual. Y con eso tienen suficiente. Vaya usted a saber la erótica de los metacarpianos.

Ahí apoyado en la barra, sintiendo el frío del metal en mi espalda en los albores del día, ahí mismo, se escuchan gritos despavoridos, sin temple alguno, sin causa aparente, que aturden, sacuden y espolvorean a la silenciosa mañana. Naturaleza bravía sin sujeción racional. ¿Por qué sucede?¿ Quién querría vivir así?

Esos gritos están tras de mi, a mi espalda, a escasos metros, y no necesito volverme para saber de dónde proceden. Son parte de mi rutina, de mi despertar, de mi aliento existencial. Desde mi posición, todos los días oigo esos sonidos, y al mismo tiempo no los oigo. Es como el autobús que circula, el coche que pita, el avión que surca cercano- el ruido de fondo que sinceramente agradezco. Pero llevo unos días en los que sí me pregunto por su existencia, su naturaleza y su motivación.

Y esas intensas ondas sonoras recorren en lo que a significados más abstractos se refiere, caminos paralelos a mis pensamientos ordinarios y a mis afectos, aún a esas horas. Y todo me lleva a un concepto absurdo- la puta vida-, más allá del cual aparece un doloroso vacío. Incluso dentro de ella siento ese vacío, y antes de ella, si me apuras. ¿Dónde quedo yo?

Esos brutales, cotidianos y humanos alaridos entran por tanto de pleno en el contexto de mis tribulaciones, y no hacen sino reforzar el abismo y el caos premeditado en el que me desenvuelvo con cierta soltura, por habitual, más que otra cosa.

Desde mis profundidades he podido comprender aquello que se escribió una vez -el sufrimiento es un instante muy largo-, ahogado en estas brumas del alba, que no hacen sino esconder mis frágiles cimientos, tambaleándome entre mis propias sombras.

Esos alaridos, hoy, me aterrorizan, sin más. Me tienen congelado; hoy no los entiendo, hoy no los acepto. ¿Por qué se ha admitido esta obra absurda? Recorro senderos compartidos de pensamientos concretos y abstractos, originándose una miscelánea estéril repulsiva, que no ayuda en nada en la ingente tarea de seguir existiendo con claridad de conciencia. La lógica me indica que he seguir fiel a lo absurdo.

https://www.youtube.com/watch?v=sRcce4i-12Q


Alrededor de la Muerte

Escrito por Minoxidilenelcajon43 11-09-2018 en Sucumbir. Comentarios (0)

Alrededor de la Muerte hay Vida. Hay tiempo que se escapa. Hay miseria humana (naturaleza humana), perdición y oscuridad enfundados en abrazos y besos. Y el tiempo sonriendo, imperturbable y siempre joven, sobrevolando entre nosotros. 

¿Dónde puedo notar el paso del tiempo, devorándonos? ¿En qué detalles debo reparar para asimilar la muerte del joven, para asimilar aquello que no volverá jamás? ¿En mis incipientes canas? ¿En la percepción neurótica de mis sensaciones, quizá? ¿Acaso en mi relajación cotidiana del nivel de alerta?¿O mejor en mis paseos apocalípticos de atardeceres imposibles?

"El paso del tiempo, y yo, sucumbiendo", cantaba uno tan ufano en mis años de juventud gloriosa, queriendo expresar con el verbo sucumbir, una arrogancia que englobaba a todo mi ser, un sucumbir perpetrado con altivez, un todo o nada, o se sucumbe o se sobrevive, y no depende de ti la elección. ¿Cuándo he reparado verdaderamente en que definitivamente he sucumbido, y por qué?

Ha sido esta mañana, temprano, y ha sucedido en una vereda normalmente perfumada de rosas rojas colocadas sobre el pavimento, cual alfombra sigilosa, y gobernada en las alturas por buganvillas de rememoranzas de madrugadas etéreas sobre mi cabeza, mientras sonaba una melodía suave, tenue, de un viejo piano. Era, es, sigue siendo, una senda habitual, de apenas 100 metros, que he recorrido todos estos años atrás, día tras día, joven. 

Desde las ensoñaciones del alba me dirigía hacia esa recta cotidiana, a medio camino entre lo virtual y lo real, y allí sucedía la visión extraña, el encuentro fortuito, la melodía perfecta, el cuadro celestial, la obra maestra...Y esta mañana, esta misma mañana, la amargura de tu ausencia me ha golpeado por sorpresa. Mientras recorría el camino, reconocía estar noqueado, sin aliento, buscando una explicación. El Tiempo, que nos devora, ha hecho su trabajo, infatigable y eficaz, como siempre, como nunca.

Paseo, tras esta huida del mismo sueño, hastiado y aburrido, iluso; y otra vez me veo en esta recta que me estremece al mostrarme su soledad, entendiendo que el tiempo te ha devorado, a ti, vereda recta por donde mis ensoñaciones ya no pasarán jamás, yaciendo para siempre mi ilusión, reverdecidos tus recuerdos.

Es hora de morir, de quebrar el Sueño, de romper el hilo que aún nos mantiene. Mañana volveré a pasear, ya sin Ti, ya sin rosas que aprehender, sin miradas que sostener, sin alientos de nostalgia. La nada, por fin. Como bien te dije, Tú nunca sabrás nada de Mi. ¿Estamos de acuerdo? La multitud sigue gritando en primer plano, pero se oyen bien la voz rasgada y el piano, en la noche interminable de Junio, bajo ambos escribientes; mi noche Oscura del Alma, a donde vuelvo en los momentos de desarraigo.

Mañana ya no hay cruces, ni diáspora ni divergencias; mañana Tú no estás; mañana Yo no estoy, aunque aparezca. No estaré nunca más, aunque respire. Nunca volveremos a ser eternos principiantes. Asunto insulso y prescindible, como fijarme ahora en la belleza.

Flotando van mis pensamientos, alrededor de nuestro camino, por fin desquebrajado, por fin devuelto a la nada, desde donde se gestó.



Alrededor de la Muerte hay Vida. Supone una gran estupidez observar dicha vida, por el contraste que acontece entre las realidades existenciales, por la cruel puesta de manifiesto de lo efímero y absurdo de todo, por el esbozo de sonrisas aliviadas que se amontonan sin reparo. Asco de Vida. Asco de Muerte. Asco de camino hacia la muerte. Anhelos de esplendores en la hierba imposibles. Nada nos devolverá los días del esplendor sobre la hierba,pero nos recordaremos y fortaleza hallaremos en lo que de ello nos queda. Besos apagados y ocasos conformados. ¿Hacia dónde caerá el sol, esta tarde noche?

Llegué tarde y sudoroso, oliendo a alcohol, me temo, pero es que si no era así no iba a poder realizar todo cuanto tenía previsto. Al final no me dejan cantar, así que me he relajado un poco, y tocaré la guitarra, distorsionándola a mi antojo, como mi visión de la vida que llevo. Dos veces al aire, una a la cuarta, recuerda, y desde ahí, todo será ruido y algarabía hasta el fin de mis tiempos. Demasiado práctico para dedicarlo a una mujer hermosa...Cierro de una vez, tras una melancólica visión global, la puerta del garaje. Echo una última mirada al exterior, es de noche y algún perro ladra. Igual huele mi conducta, mi decisión y mi tormento.

Tres noches en vela seguidas, con dolo y ensañamiento, gozosamente; recorro las calles solitarias, de vez en cuando alzo la vista y contemplo el cielo, parece ser estrellado, confirmando que la oscuridad ha llegado para quedarse, sientiendo el frío de mi existencia, gélida sensación de mortalidad que curiosamente, me hace buscar el sentido trascendental de esta Vida. Si no entiendo la vida, ¿cómo anhelo pretender entender la muerte? La ciudad es mía. Muerte alrededor de la Vida. Vida alrededor de la Muerte.


https://www.youtube.com/watch?v=ttcD2ln2Xas






Madrugadas Interminables

Escrito por Minoxidilenelcajon43 17-07-2018 en Madrugada. Comentarios (0)

Hacía mucho tiempo que no pasaba una noche entera, con su límpida madrugada, en vela, pero cada vez son más frecuentes, en días como hoy. La tarde noche se torció a última hora, obliglándome a dar forzados paseos cortos esperando muestras de juventud alocada. El rostro serio, la educación solemne, la paciencia infinita. Previamente me había preguntado por el último gran salto temporal que recorrí hace escasas semanas. Otra vez ubicado arriba del todo, contemplando un paisaje al mismo tiempo extraño, al mismo tiempo hospitalario, fresco y de una belleza insultante. Agarré fuerte el presente, desde mi tristeza, y supe aprovechar al menos de los sentidos, intentando olvidarme unas horas de mí; ¡oh azote de viento nocturno sonoro, que me transportaba de nuevo al inicio de mis paseos solitarios!;¡ oh notas de piano que se dejaban aupar entre gritos de efímera inmortalidad, recorriendo como olas de mar la multitud! Comprendí otra vez la belleza de lo que escuchaba, asumí con perpleja frialdad lo inaudito de lo que veía y daba por gozosa la fugaz visita, que quedaría, nuevamente, y por tercera ocasión, en el rincón más nostálgico de mis sentimientos y evocaciones. 

Y al regresar a casa, la noche ya estaba organizada, tramando por su cuenta planes arbitrariamente para las horas venideras. Mi espíritu se encontraba asimismo agotado, dando paso otra vez a la desesperación propia de mi particular raza, la raza del hombre desquiciado y pobre de pensamiento, que vislumbra ahora más que nunca la puerta abierta. De cualquiera de las maneras, encontrábame intranquilo, con poco sosiego, y sospechando que iban a requerir mi presencia en pocas horas. Ni intenté dormir, enfurecido por las circunstancias acompañantes y doblegado ante lo venidero. Por eso, al recibir la llamada cuando luna y estrellas llevaban mucho tiempo dominando los cielos, lejos de maldecir como antaño, pude notar una sensación de alivio en mi interior. De nuevo en la calle. Aquí estoy, Noche, para que me engullas en tus tinieblas y penumbras, pues no te temo. Noto tus caricias, como si fueras una amante cariñosa, e incluso siento como me perturbas, como si siguieras siendo esa amante, esta vez agresiva.

Entré siguiendo la linea amarilla, tras vueltas alocadas inútilmente, buscando un norte en la la brújula de tu aliento, perdido como iba. Y ahí estabas tú, en medio de todo el caos reinante, como parte de un engranaje en el que yo empezaba a encajar. No hay ocasión más que para la tibieza, no hay razón para la cercanía, no hay excusa para la relajación. Datos fríos, miradas atemperadas y hasta siempre. Las horas pasan, el caos tiende a organizarse, y los corazones buscan una calma utópica. Las despedidas no se contemplan.

Y de manera sorpresiva, tras el alba, que finalmente arribó, cuando me encaminé hacia mis rampas de despertar pausado, el aire era otoñal, el aroma que dejó la aurora no era estival. ¿Qué coño había pasado? ¿Es una percepción mía o una realidad? Ya dudando de mis sentidos me limité a aspirar y aprehender el otoño ectópico.




Atrincherado entre las sombras que voy encontrando, no me encuentro ni a mi mismo. Ya han pasado ciento veinte días, y todo ha transcurrido como una pesadilla de la que no puedo escapar. Siempre deseando que apareciera la tonalidad más oscura de azul en el cielo, donde cobijarme y olvidarme de todo, un rato. ¿Cien años más?

Y en el ecuador de estos infernales días contemplaba, otra vez, desde las sempiternas alturas, el presente con toda la inmediatez de su realidad, llorando por dentro, sonriendo por fuera. Ahí abajo aparecía mi historia personal, mis confusiones y arrebatos, mis pasiones y desvelos. Soportaba estoicamente mi recorrido sentimental y espiritual, al tiempo que contemplaba las laderas y las colinas verdes, dejándome acariciar por la brisa nocturna, cálida. Se oyeron disparos a lo lejos, se divisaron balas, algunas de las cuales me alcanzaron, sin llegar yo a caer. Zigzagueo por la oscuridad, más perdido que nunca.

Viejas urbes de la vetusta Europa sofocando anhelos y pensamientos. Esquinas grabadas a fuego en mi alma torturada, por su belleza, por su historia, por su lamento...Las hojas de esos árboles sonaban con fuerza, me parecía que hablaban, que gritaban susurrando un mensaje que no alcanzaba a comprender...¿De qué hablabais? ¿Qué belleza escondía ese movimiento sonoro tan bello en ese rincón continental?Aún cautivado por ese lenguaje de la naturaleza, evoco esa visión relacionándola con el absurdo de la existencia, las puertas abiertas, las mías, y el silencio en el que me veo sumido.

Aguas gélidas que me sostenéis en mi pedaleo inverso, desde donde contemplo al pueblo ocioso, las construcciones arcaicas y modernas, y el imperturbable cielo. Y detrás de mi, la solución de soluciones, tan solo unos cuantos metros más allá, adentrándome en la llanura líquida infinita, fundiéndome en ese horizonte de azules celestes, y volver para siempre al origen, ser de nuevo partícula infinita, cosmos. Estoicamente, intentando únicamente navegar sobre mis angustias. Habré sido un momento.

Ahora sí, ahora es el momento de sumergirse en el otoño incipiente, ahora debe ser mi momento. Corpus imbecillum et fragile, libérate, y trae para Ti, la libertad, la seguridad y la eternidad. Quiero ya el pago y la ley del vivir. La tiranía de lo inevitable.

https://www.youtube.com/watch?v=Slslk-5kt4Q




Los Amigos de Joyce

Escrito por Minoxidilenelcajon43 26-12-2017 en culturetas. Comentarios (0)

Aparecen desde todas las posibles dimensiones de nuestro entorno inmediato y lejano, incluso me temo desde la dimensión temporal, desde todos los ángulos pixelados, desde todos los rincones reales y virtuales del mundo presente; aparecen en forma de palabras que forman un mensaje corto inquietante, en forma de enlaces misteriosos que colocan cual trampa mortal, en forma de incorruptibles webs sonámbulas que se quedan colgadas minutos y minutos...Aparecen en cualquier situación de tu rutina, de tu ocio, de tu actividad profesional, incluso de tus perversiones. Lo desees o no, percibes su intensa omnipresencia en todos los ámbitos, y acabas, cuanto menos, conociendo su temible insistencia existencial; acabas sabiendo grosso modo sus inquietudes y anhelos, aunque sea de esta manera inicialmente superficial. Ya no depende solo de ti si quieres ahondar en su universo de palabras y enseñanzas. Ya estás en sus redes.

Todos Ellos comparten varias características comunes, que paso a enumerar y no por orden de importancia, sino tal como me salen de los huevos: se consideran grandes lectores y grandes analistas de las obras que se traen entre manos; se congratulan de ser muy originales en cuanto a las lecturas escogidas y al tipo de análisis que realizan; recomiendan libros infatigablemente; sienten la pulsión irresistible de dar a conocer al universo cuán magníficos son intelectualmente desde su aptitud lectora y crítica, que forma su modus vivendi; por último, y no menos relevante,casi con la misma ferocidad con la que recomiendan libros, practican ese proceder con las series. Y, no hay escapatoria posible.

Tienen más cosas en común, pero la que considero no falla nunca y está siempre presente es la pedantería, además, en una escala bien altita, y sin consciencia de ella. Ello conforma un fenotipo tribu-literato urbanita bastante patético en cualquier formato que escojan para arrojar sus lecciones magistrales al exterior, y no tan fácilmente reconocibles por su aspecto y atuendo como debiera ser, aunque manejan prendas comunes: camisetas de ídolos musicales raretes, o con leyendas motivadoras, o de rayas horizontales, pantalones con muchos bolsillos exteriores, botines de colores, camisas siempre por fuera...Por lo menos los que yo trato. Pero yo aún no soy un experto en reconocerlos, ya quisiera.

Antes de la era internet, cuando no había blogs, ni redes sociales, esta jauría de seres superiores se tenían que conformar con airear en público su sapiencia en tertulias, clases, reuniones familiares o sociales, llamadas radiofónicas, cartas al director, participaciones/ interrupciones en conferencias y similares, así como en revistas literarias. Era más trabajoso para ellos, sin duda, así como para el resto de los oyentes (este último detalle es lo único que no ha cambiado hoy día: sigue siendo muy trabajoso oírlos).

La evolución de esta nuestra civilización, que se ha tornado global para todos, adeptos o no a la causa de la inmediatez universal, ha hecho posible el milagro de su omnipresencia en la realidad virtual, desde donde nos bombardean aún sin pretenderlo uno. Aquí coloca uno un enlace no pedido, allí retwitea otro cualquier comentario no buscado, y por email te envía el amigo de un amigo de tu amigo, su majestuoso blog recién creado. Si medio utilizas habitualmente la tecnología de hoy día, te los encuentras sí o sí. Están entre nosotros. Son Los Amigos de Joyce (cuanto menos).


Poseen tal caudal de conocimiento, y muestran tal deseo de que la gente sea conocedora de la densidad, autenticidad y originalidad de este caudal, que consideran deben exteriorizar altruista, espontánea y pedagógicamente sus virtudes y dotes, al mismo tiempo que tratan de humillar, desde su autoproclamado pedestal altanero, al que lo ignora o lo minimiza. ¡Impíos!¡Rendíos ante Mi!

Y no me refiero a escritores consagrados o a medio camino, ni me refiero a articulistas domingueros que buscan ser trendingtopic unas horas; me refiero a esos culturetas modernos de las urbes, con tardes ociosas, y un insuperable afán de pública notoriedad intelectual que desde sus blogs, perfecta e inmediatamente vinculados a los twitters y facebooks de turno, creen necesario dar lecciones al vulgo al respecto, fundamentalmente, de libros y sus autores, normalmente clásicos (de vez en cuando arriesgan), realzando y subrayando aspectos que la masa plebeya no alcanza a comprender ni a apreciar. Ellos son los Elegidos para transmitir el mensaje oculto que los mediocres no captan. Ellos son los Elegidos para colocar los puntos sobre las íes en este mundo disparatado donde reina el caos en el lirismo.

Ocurre que esta fauna sobreabunda, se encuentra en exceso en la sociedad, hay superávit de culturetas (siempre serán necesarios), y como era de esperar, interaccionan entre ellos. Y resulta muy curiosa la interacción de estos seres intelectualoides propulsados por un mismo motor, el del deseo de notoriedad, siendo estremecedor comprobar sus reacciones, sus destemplanzas, sus discursos hipócritas y sus frustraciones.

Esta interacción la pretenden embadurnar en ocasiones de un aspecto sanote y natural, cuando lo que reflejan verdaderamente es la envidia y el recelo intelectual. Se twitean recíprocamente, se hacen comentarios apuntalando tal o cual cuestión, pulsan el me gusta con inequívoco desdén, y esperan la reciprocidad de manera angustiosa.

En esta interacción, se centran en una vigilancia por los posts que publican unos y otros (“la periodicidad de sus entradas es irrisoria”) , se consideran plagiados de manera constante (“yo ya escribí sobre eso”), y no reconocen que se nutren unos de otros (“se me ha ocurrido ahora mismo”).

De esta interacción surge una fermosa microsociedad, un microcosmos, todo virtual por supuesto, donde acaban colocando el nombre del blog del rival a la derecha del suyo, dentro de los blogs que sigo y -tócate los huevos- recomiendo. Sería más apropiado que redactaran blog que espío celosamente veinticuatro horas al día y que aborrezco.

Como señalé entre las características comunes de esta población sectaria, recomiendan compulsivamente libros. Digo recomendar por decir algo, pues algunos se toman este asunto muy seriamente, y prácticamente te obligan a firmar un contrato donde te comprometes a leer dicho libraco, y que posteriormente le agradezcas el haberlo leído, pues te ha cambiado la vida, como yo ya te dije.

Si denotas cierta resistencia a la lectura obligada/ recomendada (“estoy muy ocupado”, “no me apetece leer ese tipo de historias”), sueltan un discurso donde te riñen por tu vacío intelectual y escaso interés por lo que de veras merece la pena la vida, que siempre coincide con las lecturas que ellos practican.

Si sigues su consejo y finalmente lees la obra, y por qué no, incluso te gusta, te recuerdan toda la vida y ante todo el mundo, todas las veces que haga falta, que El y solo El te recomendó esa lectura.

A veces preguntan por el libro que uno anda leyendo, y cuando reciben la respuesta, su gesto desdeñoso denota ya la superioridad que se avecina en su respuesta. Y te sueltan tres o cuatro títulos con sus respectivos autores, para que sepa la audiencia que estamos ante un ser cultivado, refinado y amante de las buenas letras. Y desde ese momento, ¡peligro! te derivan hacia su temible blog.

Porque, damas y caballeros, lo peor estaba por llegar. Y era precisamente el momento en el que te derivan a su blog. Hagas lo que hagas, te derivan a su blog, te hacen un examen para ponerte en evidencia (“claro que lo he visitado”), te instan a que hagas comentarios, con cuidado de que los mismos no sean negativos; han de ser comentarios donde se ensalce la figura del bloguero, so pena de que tu parrafadilla no supere su criba objetiva y neutra, y no sea publicada hasta que la corrijas. Manda cojones.

Me gusta imaginármelos delante de su portátil con entusiasmo juvenil; y es que siempre usan y llevan consigo un portátil (“el blog no lo puedo dejar en ningún momento, me lo llevo de vacaciones conmigo”), no vaya a ser que la humanidad eche de menos sus parrafadas pomposas y altaneras. Su portátil es para ellos vital, es su amante, su objeto inanimado preferido, su fetiche, su alter ego...Me los imagino dando forma a su blog, arreglando los detalles estéticos, eligiendo el tipo de letra, el color...

Y también me los imagino centrándose por fin en El Contenido del blog. Guiados y motivados desde un frenesí cuasi maniaco, sus ideas bullen en su cabeza sin parar; y es tal la variedad de ideas sobrevenidas, que precisan de manera inexcusable de un pequeño cuaderno de notas (cuaderno de notas lírico, que diría aquel), que por supuesto...¡Lo llevan de manera perenne entre sus pertenencias! ¡Lo sacan de lugares inverosímiles!¡Ay esos bolsillos exteriores!¡Te lo enseñan como algo de incalculable valor! ¡Eres un privilegiado por haber presenciado in situ su modus operandi, su libreta de notas, su Letra Manuscrita! ¡Oh Dios, gracias por haberme permitido captar su Magna Inspiración!

Y mientras acumulan datos y conocimientos en su Gran Cuaderno de Las Ideas (oh! Episteme!), un esbozo de sonrisa antojadizamente orgullosa, se deja entrever en su rostro, pues ellos mismos se auto maravillan de las ocurrencias, asociaciones de ideas y conclusiones a las que llegan, y se imaginan el resultado final de estas divagaciones materializadas finalmente en un formidable post. Y el esbozo de sonrisa ya no es esbozo, es realidad, como la Verdad por Necesidad .

Y tú al lado, tan tranquilo; hace dos minutos estabas conversando con él, y de repente, a través de un espasmódico movimiento, se ha sacado de un bolsillo su cuaderno de notas y ha entrado en trance. A uno que ya lo conoce, le resulta familiar este proceder, y decide, para bien del género humano, no ser tan borde como para interrumpir semejante proceso divino creativo. Muchas veces me levanto para no fastidiar a sus potenciales lectores y hago cualquier cosa, como ir a por otra cerveza; al volver, el genio lírico sigue con la mirada perdida, visualizando la gloria virtual, adivinando el número de comentarios alabando su entrada (tú estás entre los reclutados para tal fin, y lo sabes).

A veces pienso en robarle en un momento de distracción su cuaderno sagrado con sus notas manuscritas, y venderlo dentro de 5 años, calculando la cifra que podría obtener...Me forraría seguro. Pero luego, a pesar de ser yo un autoreconocido joputa, me da pena la criatura, pues bien seguro le supondría tal trauma que perdería tanto los papeles en su devenir diario y como la tranquilidad de espíritu. También me apenaría, claro está, la humanidad, que se perdería muchos posts sin los cuales existirían severas dificultades para, simplemente, seguir existiendo. ¿Quién soy yo para privar a las generaciones actuales y venideras de estas colosales genialidades?

Y además, robar dicho cuaderno es una tarea ardua e ímproba, ofreciendo ello muy pocas posibilidades por cuanto no se separan nunca él y el cuaderno; son seres absolutamente indisolubles: duermen juntos, defecan y orinan juntos, pasean juntos, se asean juntos, comen juntos, trabajan juntos, tienen relaciones sexuales juntos, van de vacaciones juntos y hasta ven las series juntos. Las series, sí, ese es otro gran problema, pero me da mucha pereza hablar de ellas.

Tan solo destacar que lo mismo que se ha dicho para los libros, lo practican con las series, siempre desde una perspectiva de grosera altanería que incrementan además con el plus del inglés; ellos ven la serie en inglés, para que lo sepas, que es desde donde se contempla fehacientemente la globalidad de los matices y la vertiente intelectual de esa sucesión aborrecible, insufrible y apocalíptica de episodios que se hacen llamar serie.

Si no eres partícipe de la trama de turno en esos infames capítulos que ven, qué digo ver, analizan, desde sofisticadas plataformas de emisión, vuelven a valorar tu existencia como patética y aburrida, y te redireccionan, como no, a su blog, ya que en él hacen críticas formidables al respecto de las moralejas de la serie, sus virtudes morales y sus reflexiones metafísicas.

Con todos los respetos, estos seres suprahumanos deberían irse todos al carajo, al más grandísimo carajo. Que me dejen ser prosaico, cutre, vulgar y panteísta; que me dejen en paz, por Joyce, por Proust, por Faulkner, por C.S. Lewis y por Chesterton.... Cuidaos muy mucho, oh seguidores fieles imperturbables, de los hacedores de blogs.


Liberando Púas

Escrito por Minoxidilenelcajon43 22-12-2017 en púas. Comentarios (0)

Si seguimos hablando de esto de envejecer, mi amor, voy a terminar con el ánimo muy por los suelos. Prefiero cantarte temas dulces en tu oído, quizás lo único que sé hacer bien; cada vez siento mis himnos vitales más lejanos, más extraños, más apagados.

Inadaptado. Hoy, nuevamente, tengo que vivir. He de levantarme y vivir. Inadaptado desde mis recuerdos menos pueriles. Inadaptado desde que viraron mi voz y mi visión del mundo hacia la gravedad existencial. Inadaptado para vivir y hacer frente a todo cuanto va llegando. Inadaptado desde que entendí este abismo y absurdo, comprendiendo que no había salida. Me reafirmo consecuentemente ante mi frase favorita en relación a la idea del abandono provocado por Sífiso: Las líneas suaves de esas colinas y la mano del crepúsculo sobre este corazón agitado me enseñan mucho más.

Se trata de una inadaptación global y parcial, física y psíquica, virtual y real, social e individual, de iniciativas y de ejecuciones; en el amor y en el odio, en la vida y en la muerte. Solo la huida, la conducta evitativa, cargando una guitarra con una vieja púa dentro perenne, me permite seguir avanzando hacia no sé qué horizonte. Púa cuya razón de ser se circunscribe al elemento que la ha engullido sin el más mínimo respeto, sin poder dar el uso apropiado por el cual existe. ¿Qué significado puede tener esta pequeña púa encerrada en mi guitarra? Yo mismo soy esa púa atrapado en la voracidad de esta vida. Yo soy esa púa que se ahoga entre la madera y las cuerdas, sin poder salir al exterior y disfrutar de su esencia más pura, hacer sonar con pasión las cuerdas. ¿A dónde irán mis himnos en breve, mi amor?¿Por qué yo no pude ser la estrella más grande y brillante en tu cielo nocturno?

Mi vida consiste en tratar de disimular esa inadaptación, disimulo que supongo y adivino no será muy eficaz, y la mayoría del personal que me rodea, contemplará y contempla mi falta de recursos y torpezas rutinarias, pero vislumbrando el caos ordenado en mis palabras y gestos. Todo es una ilusión, la de ellos y la mía.

Subiendo por mi rampa favorita mientras contemplo la amplitud de la mañana, ¡oh cielos infinitos de tonalidades claras!, donde inicio la batalla del día, caminando templadamente contra el aire frio, no esperaba encontrarte. Al girar la esquina en ese suave ascenso donde ya voy tarareando melodías imposibles, nos asustamos tanto tú como yo. Inesperadamente enfrentados, con el viento gélido, más gélido que nunca entre nosotros.

La que reaccionó menos naturalmente fuiste tú; yo resoplé, apesadumbrado como iba, y apenas reparé en ti. Tú, nerviosa, diste un giro de 180 grados absurdo, mirándome de soslayo al terminar el mismo. Yo pasé de largo. Hace tiempo que pasé de largo de ti, porque cuando fuimos conscientemente extraños en esa lluvia de invierno, no hubo manera de arrinconar nuestros espíritus hacia un lugar acogedor para ambos. Ya no hay tiempo para nosotros, y esa rampa de la mañana fría, ese giro impulsivo tuyo, y esa desidia mía, han testimoniado el desencuentro definitivo. Nunca un saludo. Nunca un gesto. Nunca un agradecimiento. Pero sé que tú recordaste la lluvia en tu rostro de lágrimas, y cómo yo te cobijé entre mis sentimientos. Me extrañó tu sobresalto, y tu acción tan antinatural, eso sí. Ya no me dolió. Ahora me duelen otras cosas.

¿Qué me hace querer volver al pasado? Nada. ¿Cuál es el motivo por el que tropas de antiguos aliados me envían esos aires cargados de anhelos conciliadores? Continuas torturas en forma de mensajes vacíos de sensaciones, para mí, me invaden hasta el punto de querer silenciar por siempre la vía de comunicación conjunta que tenemos; no abandonarlas, silenciarlas, porque algo me retiene, y creo que es un oscuro y lejano deseo de re encuentro que no tengo el valor de reconocer. Repasando la larga lista, reparé en que ahí estabas tú, la gran amiga de Pilatos, de quien huí para siempre hace ya muchos años.¿Qué haría si te encontrara frente a mí, después de escribir ardientemente bajo una buganvilla, y de oler a dama de noche entre suspiros y líneas de amor? ¿Y cómo reaccionarías tú?

Si no perteneces de manera pura y absoluta a ninguna generación, como es mi caso, lo mejor es pasar de puntillas por el desfiladero de las efemérides y recuerdos. Si no has abrazado desde primera hora esos espíritus adolescentes, y has sentido su calor, no merece la pena volver a entrar en esta nebulosa de vivencias ya borradas, por su falta de sabor y matices actuales. Lo que ya viví años atrás no volveré a sentirlo nunca más en el presente, aunque volvamos a recrear artificialmente viejas escenas. Prefiero dejarlo todo en ese rincón de la memoria, junto a los momentos que acumulé de aquellos entonces, y no removerlos nunca más.

Así que, decidido a terminar pronto con tanta nostalgia y melancolía (siempre la maldita melancolía), encendí con furia creciente el amplificador de mis desganas y destemplanzas, y realicé, ahora lo sé, una de mis últimas actuaciones, en directo. Afinación heterodoxa exitosa, mostrando un nuevo camino de dirigirme a mis seguidores, anillando dedos de manera sorpresiva incluso para mi.

Ahí enfrente estaba mi público, tan extático como siempre, tan jubiloso como nunca, tan ausente como acostumbra. Y me pedían canciones y más canciones, viejas y nuevas, estando yo con un estado de ánimo adecuado, positivo, pues no hay nada más estimulante para alzar la voz y desgarrarla ante ellos, o ante nadie, que sentir nostalgia infinita, junto con rabia.

De esta manera, ofrecí una de mis mejores actuaciones, o por lo menos, eso leí en las transparentes por invisibles crónicas, tan favorables y esperanzadoras como acostumbran. Me tratan bien esos cabrones, incluso con indiferencia cuando quieren. Mi voz sonó atormentada, mi guitarra estuvo ajustada en la zona dulcemente pesada, y no quise durante las dos horas de comunión con mis estimados seguidores, contemplar si existía una luz de esperanza social en mi devenir. Yo me debía a mi público, garantía inequívoca de mi triunfo popular, y solo contemplaba el horizonte de enfrente, donde un sinfín de cabezas humanas miraban absortos mi ensoñación cantada. Y mi cabeza no giró hacia atrás nunca, harto de mensajes que nunca que van dirigidos a mi.

No pude reprimirme, y finalicé la jornada musical destrozando la guitarra, en un acto que venía persiguiendo desde hace muchos años; la simbología del nuevo amuleto digital me aportó el ánimo que precisaba; comprobé que destrozar la guitarra amada me calma, me desahoga, y que como también era su deseo, no hubo remordimiento alguno.

Con su púa dentro tambaleándose a un lado y a otro mientras los golpes se multiplicaban, la aniquilación fue un éxito para todos. Justo cuando conseguí romper la piel de madera que la envolvía, salió despedida íntegra e indemne la púa, liberándola. La cogí con cariño, la contemplé por última vez, y la arrojé a la masa enfervorizada, contemplativo yo ante su reacción, enfurecidos ellos, al igual que inadaptados, mostrando demasiado interés en apropiarse de lo lanzado, como si ello ofreciera una solución a la soledad que todos sentimos esta noche.

Mis actuaciones sirven para liberarme, así como para liberar a la púa de esa prisión; nosotros mismos nos hemos creado esa prisión, y ya en los camerinos, sudoroso y jadeante, me vuelvo a dar cuenta de que hay otros métodos para conseguir la libertad, para liberar púas de su prisión encordada, para encontrar otros caminos, a pesar de los cambios que hemos sufrido todos.

Aún soy ese frágil y suave trozo triangular de plástico, atrapado en la oscuridad; este sitio huele a madera y al mirar hacia arriba, solo contemplo una circunferencia de finos contornos atravesada por seis cuerdas paralelas; mantengo la sensación angustiosa de no poder salir, mientras ahí fuera alguien canta y hace mover los cordajes de manera armoniosa.

https://www.youtube.com/watch?v=fBskU96rG3w